La idea de aprender a aprender es un concepto bastante conocido entre los que nos dedicamos a entender cómo se genera el aprendizaje en las personas. Recuerdo con cierta fascinación en mis épocas de estudiante cuando me crucé con este concepto por primera vez: ¡sentí que el mundo se ensanchaba!
Hoy ya es lenguaje común en el mundo académico y de los negocios reconocer esta habilidad como una competencia clave para adaptarnos a un mundo cambiante y desafiante, donde quedan pocas certezas y recetas.
El Foro Económico Mundial en el Future of the Jobs Report, comenta que el 39% de las habilidades de un trabajador promedio quedarán obsoletas en 2030. Este dato nos dá un poco de escalofrío. Y resulta muy certero. ¿Cómo aconsejar a un hijo en relación a su elección de carrera?
En lo personal, cuando mi hija menor estaba el año pasado decidiendo qué carrera estudiar, se nos hacía bastante difícil orientarla. ¿Qué convendrá estudiar hoy? ¿Cuáles serán las carreras más demandadas? ¿Y los trabajos más requeridos?
Con todo ese escenario, la respuesta fue la habitual: “estudiá lo que te guste” y la idea de que la Universidad, más allá del contenido teórico, te enseña a pensar, estructurar ideas, desarrollar pensamiento crítico y desarrollar la resiliencia y paciencia que implica alcanzar un logro.
Y con este escenario, el desafío de aprender es para toda la vida, lo cual requiere de nosotros como humanos cierto grado de flexibilidad, resiliencia y adaptación al cambio.

Robert Bjork (profesor de Psicología de la Universidad de California) desarrolló la idea de obstáculos deseables:
Los obstáculos deseables (desirable difficulties) son dificultades que, aunque hacen que aprender resulte más lento o exigente en el momento, favorecen un aprendizaje más profundo, duradero y transferible a nuevas situaciones.
Si lo llevamos al ámbito del desarrollo de equipos, sería proponer al equipo desafíos que tienen que resolver:
Obstáculo deseable |
Aprendizaje que puede promover |
Asignar una tarea nueva con acompañamiento |
Autonomía y confianza |
Plantear un problema sin una solución predeterminada |
Pensamiento crítico |
Rotar roles dentro de un equipo |
Comprensión de otras perspectivas |
Dar feedback sobre un error y pedir una nueva estrategia |
Aprendizaje y mejora continua |
Delegar una decisión real |
Criterio y responsabilidad |
Simular una conversación difícil |
Preparación para situaciones reales |

A partir de estas ideas, podemos sintetizar algunas recomendaciones, hábitos o tips a la hora de pensar en nuestro propio desarrollo y el de nuestros equipos:
- Es fundamental empezar a practicar lo antes posible cuando queremos desarrollar alguna habilidad, ponerse a prueba (embarrarnos).
- No tener miedo a equivocarse. El miedo genera conductas evitativas y no probamos.
- Enseñar a otros: eso nos obliga a comprender con más profundidad y encontrar la lógica de lo que queremos transmitir; además nos permite anticipar preguntas.
- Repasar en el tiempo, volver a un contenido, ayuda a retener las ideas.
- Saber lo que no sabemos: eso nos permite investigar y buscar nuevas soluciones o ideas.
- Reconocer que no sé, me despierta la curiosidad.
- Confiar en mi capacidad de adaptarme a lo nuevo y animarme a aprender.
Muchos desafíos que nos propone esta perspectiva, pero sobre la cual necesitamos poner manos a la obra!
Gracias a Gael Lapeyre que me inspiró a pensar en este tema a partir de su nota en La Nación “Aprender a aprender: por qué los métodos de aprendizaje que mejor se sienten son los que peor funcionan”.