Cecilia Russo

Metaaprendizaje. ¿Por qué seguir yendo a la Universidad?

La pregunta sobre el valor de la Universidad sobrevuela el mundo educativo, especialmente con la irrupción de la IA.

Para quienes somos docentes universitarios es una pregunta habitual: ¿cómo agregamos valor a nuestros alumnos? ¿cómo colaboramos para prepararlos para los desafíos venideros?

En la nota de La Nación ‘Mejor quemarse que apagarse, el mito del desertor universitario’de Andrés Lopez reflexiona sobre estas ideas:

«La función social y económica de la universidad viene siendo cuestionada….. la irrupción masiva de la IA refuerza ese debate, al instalar el temor de que los títulos y saberes universitarios queden obsoletos….» 

Pero al mismo tiempo Andrés puntualiza en cuál es el impacto de la educación universitaria desde su perspectiva:

  1. Impartir conocimientos,
  2. Aportar método para buscar, organizar y procesar información,
  3. Desarrollar capacidades de razonamiento y argumentación,
  4. Promover el pensamiento crítico,
  5. Fomentar el trabajo en equipo,
  6. Facilitar el acceso de redes de contactos valiosas.

Por otra parte, existen diferentes visiones sobre la importancia de la Universidad para lograr éxito en los negocios, en la creación de emprendimientos o el desarrollo de unicornios.

Según algunos estudios realizados en el último año por la Universidad de Stanford, la revista Harvard Business Review e Informes especializados en Europa, parece no existir una linealidad: el promedio de los emprendedores exitosos fue a la Universidad, tiene más de 40 años y suman 14 años de experiencia profesional lo cual pondría en valor el impacto de la Universidad y de la experiencia.

Desde nuestra perspectiva, la experiencia universitaria es profundamente humana y siguen pasando algunas cosas irreemplazables cuando compartimos alumnos y profesores una clase:

  • Adquirimos un método de estudio que será la base para organizar nuestro modo de trabajar y hacer,
  • Desafiamos nuestras propias ideas,
  • Las ideas de otros profundizan y le dan una vuelta de tuerca a las propias; las enriquecen,
  • Desarrollamos tolerancia a la frustración,
  • Descubrimos nuevos intereses y hasta vocaciones,
  • Podemos emocionarnos,
  • Podemos divertirnos.

 

Ojalá podamos seguir construyendo la magia del aprendizaje y valorizando la experiencia todavía única que implica descubrir nuevas ideas con otros. Esto dependerá de profesores y alumnos, comprometiéndonos para que la experiencia de aprender siga siendo significativa.

Cecilia Russo
Junio 2026